Bautismo del Espíritu Santo:
Los Pentecostales Apostólicos confiesamos que el bautismo del Espíritu Santo es parte del plan de salvación, y que hablar en lenguas (es decir, hablando en idiomas que uno nunca ha aprendido anteriormente) por el poder de Dios, es la evidencia inmediata, exterior, notable, y audible de ser bautizado con el Espíritu Santo. Ellos creen que el don del Espíritu Santo es una promesa para todos los que crean en el evangelio, sin tener en cuenta raza, cultura o idioma (Hechos 2:4, 2:17, 2:38-39, 10:46, 19:6, 1. Corintios 12:13). La lengua se convierte en el vehículo de expresión del Espíritu Santo (Santiago 3), y Dios toma el mando de la vida del creyente.
Enseñamos que el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no debe confundirse con la señal inicial de recibir el Espíritu Santo, pues el fruto del Espíritu es la señal permanente del Espíritu Santo. El fruto del Espíritu toma tiempo para desarrollarse o cultivarse, por consiguiente no calificaría como una señal inmediata, exterior e identificable de recibir el Espíritu Santo.En el libro de los Hechos, las lenguas son diferentes en funcionamiento y propósito a las lenguas de 1. Corintios 12-14. Ambas citas no mencionan la misma experiencia. En los Hechos de los Apóstoles, las lenguas sirven como la señal firme de recibir el Espíritu santo; mientras que en 1. Corintios 12-14 el apóstol Pablo está haciendo una exposición del don de lenguas que era administrado por algunos creyentes. Uno recibe a Cristo cuando recibe el Espíritu Santo (Romanos 8:9).
Santidad
Los pentecostales del nombre de Jesucristo, creemos que la salvación se obtiene por gracia a través de la fe en Jesucristo, y no por las obras (Tito 3:5), pero la fe sin obras está muerta (Santiago 2:24-26). Definitivamente ningún ser humano en esta tierra, podrá "ganar" su salvación por tratar de "vivir" el evangelio, sin OBEDECER primero la salvación que está ordenada para todos los hombres, debajo del cielo.
La santidad es y debe ser resultado de la obediencia inicial a la salvación y no producto de practicar "normas" de estilos de vida, como el vestirse, peinarse, alimentarse, etc.
La santidad que vive el creyente se debe reflejar interior y exteriormente, pues todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, debe ser guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1. Tesalonicenses 5:23). La verdadera doctrina, así como la santidad, caracterizan al verdadero pueblo de Dios: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” (1 Timoteo 4:16).
Dios nos ha mandado a abstenernos de toda especie de mal (1. Tesalonicenses 5:22). También la Biblia nos insta a acatar los mandamientos de Dios (1. Juan 2:4). Es aquí precisamente que todo aquel que haya obedecido la salvación que anuncia el evangelio de la gracia y la bondad de Cristo podrá definitivamente amar y obedecer los mandamientos originales de la ley de Dios, que estuvieron basados antiguamente en la ley de Moisés, bajo la ley de la "espada del juicio divino" de que el que no los hiciera ciertamente moriría; mandamientos que ahora obedecemos bajo la ley de Cristo, la ley del amor y del cumplimiento, los cuales por la obra redentora y reconciliadora del Señor Jesús en el calvario, fueron elevados a un nivel en que la justicia divina los ve y considera a través de la obra expiatoria de Cristo, y por lo tanto toda obediencia a ellos, es resultado primero de la obra que hizo el Señor. Cuando nosotros obedecemos sus mandamientos, alcanzamos la garantía de los beneficios de la redención alcanzada por Cristo, por eso la salvación nunca ha sido lograda por ningún mérito personal de los creyentes, pues todo el mérito pertenece a Cristo.
La santidad del creyente está unida al acontecimiento maravilloso de la promesa del Señor Jesús, de que un día vendrá por su iglesia."Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual, nadie verá al Señor..." (Santiago 12. 14).
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