En el A.T. el misterio de la Unicidad en la Divinidad no existía, porque de acuerdo a lo ya explicado el pueblo de Israel conoció solamente a su Dios. Al único Dios, precisamente al Dios de Israel. El misterio que sí existía era el del Nombre oculto, como ya lo miramos con Jacob y con Manoa.Cabe aquí, por cierto, señalar el hecho de que Joel profeta también habló de un Nombre en el cual iba a haber salvación al invocarlo (Joel 2:32). Cualquier conocedor de la Biblia sabe que el Nombre a que se refiere Joel que habríamos de invo- car para salvación, no era al Nombre original del Señor, Y H W H, de las cuatro consonantes que no se pueden pronunciar. (Ni mucho menos "Jehová", el cual es por cierto solamente cual un apodo puesto por los Gentiles reemplazan- do el Nombre original).
Todos entendemos que JESÚS EL SEÑOR, es el maravilloso Nombre "que es sobre todo nombre" (Fil. 2:9), el cual en el cumplimiento del tiempo tuvo de ser revelado para nuestra salvación. (Hech. 4:12) El misterio que hasta hoy continúa siendo un misterio para una inmensa mayoría entre el profesante cristianismo, se encierra en las manifestaciones de Dios como "el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo" (Mat. 28:19). Pues este texto es por cierto la base más fuerte que citan los que no tienen la revelación para tratar de probar la existencia de la Trinidad. Pero San Pablo habla del "misterio de la piedad" declarando que "Dios ha sido manifestado en carne" (1 Tim. 3:16), diciéndonos también que "Dios estaba en Cristo" (2 Cor. 5:19) Mas en el texto original de este artículo el apóstol se profun- diza aun más, hablandonos del "misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo", y agrega que aquí "están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento". ¿Por qué dice esto? Por la razón de que al entender la declaración de esta expresión, tenemos entonces luz para poder mirar la extensa realidad de la Unicidad en la Deidad. Para poder ver claramente las manifesta- ciones del único y "Verdadero Dios" (1 Jn. 5:20) operando en sus diversas manifestaciones en Su plan de salvación.
Dios, el Espíritu infinito, sempiterno, Todopoderoso, que nunca empezó y que nunca termina, ni en tiempo ni en espacio, "es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Heb. 13:8). Mientras Él no hacía "el principio" (Gén. 1:1 y Juan 1:1), "engendrando" al Hijo (Heb. 1:2 y 5), "el cual es la Imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creatura" (Col. 1:15), e iniciado con Él el factor que nosotros conoce- mos como, "el tiempo", Dios era solamente Dios. No era Padre, mas empezó a serlo cuando "engendró" no solamente "al Hijo" (que no es otro Dios sino su propio cuerpo), más también a sus "hermanos" menores (Rom. 8:29).
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